2026: El año de las decisiones

Celestino Cesareo Guzmán // El 2026 no será un año de tránsito, sino de definiciones para Guerrero. Las decisiones —o la ausencia de ellas— marcarán el rumbo del estado en la próxima década, en lo político, lo económico, lo social y de manera crucial, en la seguridad. No habrá margen para la improvisación: este será un año que exigirá claridad, responsabilidad y visión de largo plazo.

En el 2026, invertir en las personas será la decisión más estratégica. Guerrero necesita decisiones firmes para detonar el campo, el turismo, la infraestructura y el empleo, particularmente para los jóvenes. A ellos les urge una alternativa real antes de que el abandono institucional los empuje al camino fácil. Generar empleo digno, capacitación y arraigo comunitario es también una estrategia de seguridad.

La educación y la salud son y han sido por décadas el punto crítico. Es hora de pasar de los discursos a la realidad. Mejorar escuelas, capacitar al magisterio, garantizar servicios médicos y prevenir antes que reaccionar será una prueba clara de voluntad política.

La protección civil debe ocupar un lugar central. Guerrero es un estado altamente vulnerable a sismos, huracanes e inundaciones, y no puede seguir reaccionando tarde. La prevención, la actualización de atlas de riesgo, la rehabilitación de infraestructura dañada y la capacitación comunitaria deben asumirse como políticas permanentes, no como respuestas de emergencia.

San Marcos epicentro del último sismo, con miles de casas dañadas, su alcalde no mereció la atención de la Presidenta de la República…de paso, de prisa, entre empellones, le dedicó apenas unos segundos.

La seguridad pública seguirá siendo el gran desafío. No basta con despliegues reactivos: se requiere coordinación real entre Federación, estado y municipios, fortalecimiento de policías locales, inteligencia, reconstrucción del tejido social y recuperación de territorios donde el Estado ha sido débil o ausente. Sin seguridad, no hay desarrollo posible.

El desarrollo de la región de la Sierra merece una mención especial. Históricamente marginada, requiere una política integral que combine caminos rurales, conectividad, salud, educación, apoyo productivo y presencia institucional. Apostar en serio por la Sierra, con presupuesto e inversión, es apostar por la estabilidad social del estado.

La restauración y modernización de carreteras será otro punto decisivo. Cómo nunca antes los caminos están abandonados; estos no solo conectan regiones; conectan oportunidades. Carreteras seguras y funcionales reducen costos, facilitan el comercio, fortalecen el turismo y salvan vidas. Guerrero no puede seguir fragmentado por el abandono vial.

En el plano político, el año estará marcado por reacomodos, alianzas y disputas de poder. El pragmatismo se hará evidente, pero el verdadero reto será otro: que los partidos políticos empiecen desde ahora la planificación en su ruta a la elección de 2027, con buenos candidatos, perfiles con solvencia ética y propuestas serias, viables y cercanas a la gente.

El reto político será determinante, nuestro estado enfrentará un clima de reacomodos, alianzas y disputas de poder. El pragmatismo lo veremos en todo su esplendor.

El desafío será que prosperen proyectos con identidad, ética pública y rendición de cuentas.

Guerrero no necesita improvisados pero tampoco los mismos de siempre; es la oportunidad de poner fin al arreglo fácil de cuatro o cinco en el mero arriba, para que todo siga igual.

Que llegue una nueva generación al poder no será sencillo, pero es posible si se antepone el interés del estado por encima del interés de unos cuantos.

El 2026 será, en esencia, el año en que Guerrero decida si sigue administrando sus problemas o comienza, por fin, a resolverlos. Veremos.