Zona Cero || Derrumbando mitos, caso Maduro

Roberto Santos // Durante años, el régimen de Nicolás Maduro sostuvo una narrativa casi monástica alrededor de su figura.

Se trataba de un presidente austero, mal pagado, ajeno a lujos, protegido únicamente por su revolución y por unas fuerzas armadas supuestamente soberanas.

Esa imagen, repetida hasta el cansancio en cadenas oficiales y en discursos diplomáticos, hoy se resquebraja ante el peso de los hechos.

El primer mito que se cae es el de la inexistente tutela extranjera. Durante años se negó que La Habana tuviera presencia militar relevante en Venezuela; sin embargo, el propio régimen cubano reconoció que 32 de sus militares murieron en combat­es durante la operación trumpista que culminó con la captura de Maduro.

Esos efectivos, según el comunicado oficial, eran miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ministerio del Interior que cumplían funciones “a solicitud de órganos homólogos” venezolanos.

Esta admisión confirma lo que ya era un secreto a voces, que el régimen de Caracas dependía, en su seguridad, de personal extranjero.

Y no son solo los cubanos. El gobierno ruso, estrecho aliado de Venezuela desde hace décadas, ha denunciado la operación estadounidense como un “acto de agresión armada” y reafirmó su rechazo a lo que considera una violación de la soberanía nacional.

Irán también ha condenado la intervención, calificándola de “flagrante violación de la soberanía territorial” de Venezuela.

La constatación de estas alianzas y colaboraciones estratégicas hace difícil sostener la narrativa de completa autonomía militar venezolana.

Más aún si se considera que estos vínculos no eran simples visitas diplomáticas, sino cooperaciones que, según Moscú, incluían intercambios militares, ventas de armamento y tratados de seguridad de largo plazo.

El segundo mito que se cae es el de la precariedad presidencial. Maduro insistía en que su ingreso era modesto —“120 dólares al mes”, declaró en varias ocasiones— como prueba de su sacrificio revolucionario.

Sin embargo, el anuncio del gobierno suizo de congelar activos vinculados a Maduro y a personas de su entorno, aunque sin cifras confirmadas oficialmente, desmonta el discurso de pobreza presidencial y abre interrogantes incómodos sobre la verdadera magnitud de su red financiera internacional.

Pero sin duda el mayor impacto político después de su captura ha sido su comparecencia ante tribunales en Nueva York, donde se declaró inocente de los cargos por n4rc0t3rrorism0, tráfico de dr0g4s y delitos conexos.

La develación de posibles vínculos con estructuras como Los Soles, una presunta red de corrupción dentro de las Fuerzas Armadas venezolanas, amenaza con derribar el mito de inocencia que Maduro promovió durante años.

La imagen de su detención y comparecencia contrasta radicalmente con la de un líder que aseguraba ser respetado y querido no solo dentro sino fuera de su territorio y afirmaba que su ejército respondería ante cualquier amenaza extranjera.

La nula respuesta ante su detención y las manifestaciones de felicidad por una parte de la población, derrumban ese otro mito sobre el cariño de su pueblo, el que ha padecido sufrimiento a manos de la dictadura.

No hay que justificar intervenciones que pueden, como han señalado organizaciones internacionales, vulnerar principios soberanos. Muchos analistas, diplomáticos y jefes de Estado consideran que la incursión militar estadounidense en Venezuela representa una violación del principio de no intervención y de la Carta de las Naciones Unidas, lo que ha generado condenas de países de América Latina y Europa y llamamientos a respetar el derecho internacional.

Ese debate no puede ignorarse, especialmente cuando se invocan principios de soberanía y autodeterminación.

Aunque tampoco puede negarse una realidad evidente: durante años Venezuela funcionó con asesorías, cooperaciones y presencias extranjeras de diverso tipo —cubanos, rusos, iraníes y posiblemente otros aliados—, y esa presencia no fue considerada una violación de soberanía mientras sirvió a los intereses del régimen chavista.

Si algo queda claro es que los mitos creados alrededor de Nicolás Maduro ya no se sostienen como verdades incuestionables.

Ya veremos cuántas verdades más quedaron enterradas bajo años de propaganda oficial, mientras la región y el mundo enfrentan las consecuencias de una crisis política y geopolítica sin precedentes.