Las carreteras en Guerrero no solo deben ser cimentadas de asfalto y cemento

Hablar de carreteras en la entidad es reconocer que por décadas en el estado de Guerrero existe una profunda deuda histórica en infraestructura, de la que ha originado una desigualdad inevitable regional con un fondo recurrente.

“En un estado con geografía compleja, dispersión poblacional y altos índices de marginación, la conectividad carretera es una condición mínima para el desarrollo económico y la cohesión social”, aseguró el ex Gobernador Angel Aguirre Rivero.

Como Diputado Federal y en calidad de presidente de la Comisión de Comunicaciones, de manera conjunta legislativa lograron la inversión más alta en materia de carreteras, incorporando por primera vez, la pavimentación de caminos rurales.

El ex mandatario guerrerense recordó aquella discusión agria con el entonces secretario de Hacienda y Crédito Público, Francisco Gil Díaz, cuando lo cuestionó que los caminos rurales no tienen rentabilidad económica.

Al responder con una actitud de visión a futuro que si tal vez sino de rentabilidad económica, pero sí social, en base al esfuerzo que significa para las comunidades sacar sus productos al mercado o trasladar a un familiar enfermo.

Lo que el secretario de estado sensibilizó y aceptó la propuesta en una acalorada discusión, de lo que posteriormente se inició la ampliación a la Costa Chica y la ampliación del tramo Mozimba–Pie de la Cuesta, de amplia trascendencia.

Angel Aguirre como Gobernador constitucional fue muy insistente ante la SCT en gestionar de forma y de cara al rezago carretero en Guerrero con una inversión directa por mas de mil 600 millones de pesos para concluir variadas obras en ese renglón.

Y efectivamente no se trataba de ocurrencias ni de proyectos marginales. Las obras planteadas eran la carretera Zihuatanejo para la conectividad de la Costa Grande; el tramo de Pie de la Cuesta, clave para la movilidad urbana y turística de Acapulco.

De igual manera, se promovió la carretera Tlacoachistlahuaca–Metlatónoc, quizá una de las zonas con mayor deuda histórica, cuyas obras eran parte de compromisos presidenciales a una lógica de integración regional y justicia territorial.

La respuesta institucional fue clara y valorada en una propuesta, lo que reflejó una constante en la historia de Guerrero: la necesidad permanente de tocar puertas para que la infraestructura básica llegue a donde más se necesita.