Roberto Santos // Es curioso enterarse que Massivee Caller ubica a Abelina López en primer lugar en la intención del voto para 2027.
Según la encuestadora “la coalición Morena-PT-PVEM alcanza 54.9% de intención de voto frente a PRI, PAN y Movimiento Ciudadano, con un 12.2% de indecisos, cifras que denotan la ventaja de la alcaldesa de Acapulco que hoy enfrenta presiones políticas.”
Esto hace pensar que hay encuestas que miden el ánimo social… pero hay otras que parecen medir el ánimo del que las paga.
En la política mexicana, cada vez es más común ver estudios que no parecen diseñados para saber qué piensa la gente, sino para decirle a la gente qué debería pensar.
Es como cuando alguien se pone su propia porra: primero se aplaude solo y luego espera que el resto del estadio se sume.
El caso de Abelina López Rodríguez es de manual. De pronto aparece como “imparable”, “dominando”, “al frente de la sucesión”, casi como si ya tuviera las llaves de Casa Guerrero y las del palacio de gobierno, aunque la percepción cotidiana en Acapulco no parece ir en esa misma sintonía.
Es el tipo de fenómeno donde el texto y
está más entusiasmado que los electores.
La famosa medición de Massive Caller, por ejemplo, coloca a Abelina con 16.4%, seguida muy de cerca por Beatriz Mojica Morga con 15% y Félix Salgado Macedonio con 13.6%. Haber sino le da diarra al ego del Toro por el entripado que habrá hecho.
O sea, una diferencia minúscula… pero la venden como si fuera una ventaja olímpica.
Es como ir ganando un partido 1-0 al minuto 3 y ya quieren dar la vuelta olímpica.
Ahí es donde empieza el toque chusco del asunto. Porque decir que alguien “arrastra”, “domina” y “marca la pauta” con ese margen es como decir que alguien es el rey del carnaval aunque no tenga gracia alguna.
Más aún cuando hay casi 20% de indecisos, es decir, medio salón todavía no ha levantado la mano.
En política, a esto se le puede llamar propaganda con números, o más elegantemente, fabricación de percepción.
En psicología suena más fino: efecto de arrastre, sesgo de confirmación, construcción de narrativa.
En lenguaje de barrio es más sencillo: “repite y repite esos datos, que algún ingenuo resultara convencido”.
El texto además tiene ese tono de novela épica donde todo se interpreta a favor.
Si la critican, es porque “la ven como amenaza”. Si la cuestionan, es “desgaste político”. Si aparece arriba por décimas, es “liderazgo consolidado”.
Ya solo faltó decir que los vientos soplan a su favor y que hasta los astros más allá del sol ya se alinearon para empujarla rumbo a Guerrero 2027.
Y claro, el remate clásico: que dentro de Morena y sus aliados —Partido del Trabajo y Partido Verde Ecologista de México— todo gira alrededor de quien “lidera las encuestas”.
Como si un 16% fuera una coronación anticipada. Como si en lugar de encuesta, se tratara de un casting.
Al final, lo gracioso no es que se publiquen estos números. Lo gracioso es el entusiasmo con el que se cuentan.
Una cosa es informar resultados y otra muy distinta narrarlos como si se tratara del tráiler de una película: música épica, cámara lenta y la protagonista caminando en La Costera mientras todos “perciben su fuerza”, “su grandeza”
Y uno termina con la sensación de que algunas encuestas no buscan retratar la realidad, sino convencerte de que la realidad ya cambió… aunque de eso todavía no se haya enterado nadie.