Zona Cero || Adán Augusto, la papa caliente de Morena

Roberto Santos // En política hay figuras que suman, otras que restan y algunas que queman.

Adán Augusto López Hernández pertenece ya, sin demasiadas dudas, a esta última categoría, al convertirse en una auténtica papa caliente que Morena insiste en pasar de mano en mano, después de quitarlo de la Coordinación del Senado.

Después de una cadena de señalamientos periodísticos que ponen en entredicho su compromiso con la legalidad, desde irregularidades políticas hasta el lastre de haber tenido un jefe policiaco vinculado al CO, el senador anuncia que permanecerá en el cargo para dedicarse de lleno a operar electoralmente rumbo a 2027, particularmente en la cuarta circunscripción, donde se incluye Guerrero.

Más allá del optimismo de algunos cuadros —como quizá el de Yoshio Ávila— resulta difícil sostener que un personaje que ha perdido legitimidad, confianza política y el respaldo de la propia presidenta Claudia Sheinbaum sea un activo electoral y no un cadaver político.

Todo indica que su presencia puede resultar más dañina que útil para las candidaturas que dice querer fortalecer.

Morena parece apostar a una peligrosa candidez al creer que la memoria del electorado es corta, que los señalamientos no pesan y que la ilegalidad no cobra factura.

Como si los votos se ganaran premiando trayectorias cuestionadas y no castigándolas. Guerrero, un estado marcado por la vi0l3ncia, la desconfianza institucional y el hartazgo ciudadano, traer a Adán Augusto no es una estrategia audaz, sino una provocación y quizá un suicidio politico.

Salvo Yoshio Ávila, quien ve en Adán Augusto una escalera más que una ancla, pocos parecen convencidos de que esta operación sume votos.

Yoshio, fiel a su estilo, confunde reflectores con estructura y cree que el ruido sustituye a las nueces.

Apostar su futuro político a una figura exhibida nacionalmente es una jugada valiente… o desesperada. El tiempo dirá cuál.

Adán Augusto ha dejado claro que su objetivo es “ganar prácticamente todas las gubernaturas” y mantener la mayoría calificada en el Congreso.

Sin embargo, solo la idea recuerda viejos pactos, bloques políticos desgastados y una forma de hacer política que hoy genera más sospecha que entusiasmo.

No es casual que el bloque que en Guerrero impulsó su aspiración presidencial en 2024 hoy esté claramente desdibujado.

A este escenario se suma otro dato revelador. De acuerdo a notas publicadas en algunos medios de comunicación, su pupilo político Yoshio ha perdido el control que tenía en el hospital del ISSSTE en Acapulco, y se avecinan despidos de cientos de aviadores.

El poder que antes parecía sólido hoy muestra grietas. Morena enfrenta así un contrasentido mayúsculo, porque cuando un político debería dar un paso al costado para no dañar a su partido, se le otorga un espacio estratégico para “atraer votos”. Como si la confianza se decretara y la credibilidad se heredara por consigna.

Adán Augusto no suma unidad, no genera consenso y no representa renovación. Representa un pasado incómodo que su partido se empeña en reciclar.

Todos saben que insistir en cargar una papa caliente suele terminar con las manos quemadas… y posiblemente las urnas vacías.