Contexto Político || PRI: reestructuración, liderazgos y caballos de Troya…

Por Efraín Flores Iglesias // En su libro “Las 28 reglas de oro de la estrategia electoral” (Editorial Porrúa, 2014), Ricardo Homs señala que las crisis “representan oportunidades de fortalecer el liderazgo porque se caracterizan por su tendencia al caos, y el líder representa el orden y la seguridad”.

Y agrega: “Los momentos más significativos de la humanidad, según consta en la historia, están caracterizados por la crisis, en las cuales siempre hubo un conductor social que asumió el liderazgo y sus retos, a través de los cuales redimensionó su potencial humano”.

Desde 2018 los partidos tradicionales entraron en una etapa de crisis política. Y el más afectado fue el Partido Revolucionario Institucional (PRI), ya que perdió la Presidencia de la República y varias gubernaturas que había ganado en 2012.

Y al perder el poder federal, los gobernadores priistas en turno se convirtieron en automático en los verdaderos mandamases. Ellos decidieron (hasta 2022) a los candidatos a las presidencias municipales, a las diputaciones locales y federales, a las senadurías y a las gubernaturas de sus respectivos estados.

La deserción de varios liderazgos también le afectó demasiado al tricolor. Muchos de ellos se fueron a Morena, especialmente varios ex gobernadores que traicionaron sus principios o fueron intimidados por el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador.

En Guerrero también perdió la gubernatura en 2021, aunque no por mucho margen ante Morena. Su alianza con el PRD fue fundamental para ser competitivo.

Héctor Astudillo Flores, el último gobernador de ese instituto político, y Mario Moreno Arcos, su candidato fallido a la gubernatura, renunciaron recientemente a su militancia. Se fueron echando pestes en contra del partido que les dio todos los cargos públicos que ocuparon durante tres décadas.

También se lanzaron duramente contra Alejandro Moreno Cárdenas, actual dirigente nacional del PRI, a quien prácticamente responsabilizaron de todas las desgracias del tricolor, olvidando que ellos lo apoyaron para que fuera el jefe nacional de ese instituto político. 

En fin, Héctor Astudillo y Mario Moreno se fueron cuando vieron que el barco tricolor se hundía, para saltar a una nueva embarcación (Movimiento Ciudadano) tripulada por un viejo lobo de mar (Dante Delgado Rannauro).

Hubo muchos priistas que no quisieron seguir a los personajes de marras. La mayoría no lo hizo porque son militantes convencidos de que el PRI ha sido y seguirá siendo su casa, y otros, porque harán el papel de caballos de Troya.

Hoy por hoy, el nuevo líder natural del tricolor guerrerense es el senador Manuel Añorve Baños, amigo de “Alito” Moreno y aliado estratégico del ex gobernador Rubén Figueroa Alcocer. 

El pasado sábado se llevaron a cabo dos eventos en la sede del Comité Directivo Estatal del PRI, en el que se dieron cita sólo cinco de los nueve diputados que tiene en este momento en el Congreso local. Me refiero a Alicia Zamora Villalva, Julieta Fernández Márquez, Jesús Parra García, Rafael Navarrete Quezada y Olaguer Hernández Flores, quienes aplaudieron y ovacionaron en todo momento al senador Manuel Añorve. 

Los ausentes fueron Héctor Apreza Patrón, Esteban Albarrán Mendoza, Flor Añorve Ocampo y Adolfo Torales Catalán. Los dos primeros tienen más de medio cuerpo fuera de ese partido.

Los diputados Ricardo Astudillo Calvo y Gabriela Bernal Reséndiz renunciaron días después de que lo hicieran el ex gobernador Héctor Astudillo y el peón de éste, Mario Moreno Arcos. 

Hubo casa llena en el tricolor guerrerense y un ambiente de fiesta… pero también se dieron cita algunos ex funcionarios del ex gobernador Héctor Astudillo, a quienes muchos perciben como los que operarán en contra de ese partido en el actual proceso electoral con el único objetivo de que Manuel Añorve pierda la reelección el próximo 2 de junio. 

El autonombrado “Chaparrito cabrón” no debe confiarse de todos los que le prometan ayudarle en esta nueva etapa política del PRI. Los traidores están a la orden  del día. Y muchos de ellos pretenden lograr una diputación local, presidencias municipales, sindicaturas y regidurías para después renunciar al tricolor y ponerse los tenis fosfo fosfo.

Si realmente quiere lograr su meta, el senador Manuel Añorve requiere urgentemente solicitar la remoción del astudillista Alejandro Bravo Abarca como presidente del Comité Directivo Estatal, ya que es un personaje sin liderazgo y que está alejado de las bases. Además, Alejandro Bravo sólo sirve a los intereses del que lo puso en ese cargo en 2022.

Durante el evento del sábado hubo importantes nombramientos en el CDE del tricolor, como fueron los casos de Juan Agama Montaño y Cuauhtémoc Eugenio Rentería, quienes rindieron protesta como secretarios de Organización y de Acción Electoral, respectivamente. 

Juan Agama, por ejemplo, milita en el PRI desde muy joven, iniciando su participación en el Frente Juvenil Revolucionario. Y ha venido construyendo dignas oportunidades, desde ser representante de casilla hasta ser representante ante los órganos electorales estatales, desde organizar elecciones internas hasta ser delegado en otros estados la República, desde ser delegado político municipal hasta ser secretario de Operación Política del Comité Directivo Estatal del PRI.

Ha fungido también como secretario técnico de la Comisión Estatal de Procesos Internos,  coordinador estatal de Activismo Político, y subsecretario y secretario de Acción Electoral.

Siempre he sostenido que ningún partido político es malo. Los que fallan muchas veces son sus dirigentes o los gobernantes que llegan a través de sus siglas. 

El PRI es un partido que ha sabido formar cuadros y en crear grandes instituciones en el país. 

Qué bueno que se está reestructurando y dándole importantes espacios a las nuevas generaciones de militantes. 

La elección de 2024 no será fácil. Será un gran reto para sus dirigentes y militantes leales. Es cuanto.

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